Cuando empecé a estudiar latín le pregunté a mi padre por
qué en esta lengua no usaban el signo de apertura de interrogación, y él me
explicó que en latín hay un orden sintáctico que avisa al lector del comienzo
de una pregunta.
Lo mismo ocurre en otras lenguas con alfabeto latino como
euskera, portugués, italiano, francés, inglés, sueco, alemán, etc. El catalán y
el gallego tienen un sistema intermedio entre el español y las otras lenguas,
pues recomiendan poner el signo inicial en caso de ambigüedad.
El signo de apertura lo estableció como obligatorio la RAE
en su Ortografía de 1754. Hasta
entonces se empleaba, en general, solo el de cierre, y en caso de ambigüedad
también el de apertura. Es una particularidad del español el construir las
preguntas sin necesidad de un orden sintáctico establecido, de modo que una
afirmación como: Tienes un lápiz rojo
la podemos convertir en interrogación: ¿Tienes
un lápiz rojo?
Este hecho se hace extensivo a las oraciones que comienzan con
partículas interrogativas como qué, quién,
cuándo, cuál, cómo, por qué, etc.
